Cómo el cambio climático intensifica el avance de los incendios forestales

Temperaturas extremas, sequías prolongadas y un riesgo cada vez mayor

El cambio climático está modificando de manera profunda la dinámica de los incendios forestales en todo el planeta. Fenómenos que antes respondían a ciclos naturales hoy se vuelven más frecuentes, extensos e intensos, impulsados por el aumento de las temperaturas, las sequías prolongadas y la alteración de los ecosistemas. El resultado es una crisis ambiental con impactos sociales, económicos y sanitarios cada vez más graves.

Investigaciones científicas y organismos internacionales coinciden en que el calentamiento global prolonga las temporadas de incendios y agrava sus consecuencias. A esto se suma un efecto retroalimentado: los incendios liberan grandes cantidades de gases de efecto invernadero y partículas contaminantes, que a su vez profundizan la crisis climática y refuerzan el círculo vicioso.

Un fenómeno cada vez más extremo

Según especialistas de la ONU, la NASA y la FAO, la dinámica del fuego cambió de forma histórica. Amy Duchelle, oficial forestal de la FAO, explicó que el aumento de los incendios extremos responde a una combinación de más material combustible disponible, condiciones climáticas más cálidas y secas y múltiples fuentes de ignición.
“Los incendios están cambiando en intensidad, frecuencia y duración”, advirtió.

Un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) publicado en 2024 alertó sobre la relación directa entre cambio climático, incendios y contaminación del aire. Las partículas finas y gases emitidos durante los incendios degradan la calidad del aire, afectan la salud humana y dañan los ecosistemas. “El cambio climático y la calidad del aire no pueden tratarse por separado”, sostuvo Ko Barrett, secretaria general adjunta del organismo.

Temporadas más largas y fuegos que no se apagan

La NASA detectó que los incendios forestales extremos se duplicaron en los últimos 20 años, especialmente en los bosques boreales de América del Norte, Rusia y el oeste de Estados Unidos. Un dato clave es el aumento de las temperaturas nocturnas, que permite que el fuego continúe activo durante la noche, dificultando su control.

En regiones como México, Brasil y África Oriental, las temporadas de incendios se extendieron hasta un mes más que décadas atrás. Esto implica un mayor desgaste de los sistemas de emergencia y un aumento del riesgo para poblaciones cercanas.

El rol de la acción humana

Si bien los incendios pueden originarse por causas naturales, como tormentas eléctricas, diversos estudios remarcan el peso de la actividad humana. Investigaciones publicadas en Nature Ecology & Evolution señalan que la intervención humana agregó hasta 40 días adicionales por año de riesgo de incendios en todos los continentes.

Prácticas como la expansión urbana, el uso inadecuado del fuego en actividades rurales y la supresión sistemática de incendios naturales contribuyeron a la acumulación de biomasa seca. Esta sobrecarga de material combustible provoca incendios más violentos y difíciles de controlar cuando finalmente se desatan.

Impactos en la salud y los ecosistemas

Las consecuencias de los incendios forestales van mucho más allá de la pérdida de vegetación. Las partículas finas PM2,5, liberadas durante los incendios, representan un serio riesgo para la salud y están asociadas a enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

En 2023, el humo de los incendios en Canadá atravesó fronteras y deterioró la calidad del aire en amplias zonas de Estados Unidos y Europa. Además, el fuego afecta la biodiversidad, reduce la productividad agrícola y altera el equilibrio de los ecosistemas.

En regiones sensibles como el Ártico, los incendios liberan carbono acumulado durante miles de años en el permafrost, lo que podría acelerar aún más el calentamiento global. “El fuego siempre existió en estos paisajes, pero ahora actúa de manera mucho más extrema”, explicó Jessica McCarty, de la NASA.

Un escenario preocupante en la Argentina

En la Patagonia argentina, especialistas advierten una tendencia a temporadas de incendios más extensas, impulsadas por olas de calor y sequías. Investigadores del CONICET señalaron que en los últimos años se registraron focos tempranos, algunos de ellos de gran magnitud, iniciados por tormentas eléctricas.

Factores como la sequedad del suelo, el estado de la vegetación y condiciones meteorológicas extremas —conocidas como la regla 30/30/30 (más de 30 °C, menos del 30% de humedad y vientos superiores a 30 km/h)— incrementan de forma significativa el riesgo de incendios.

La prevención como clave

Frente a este panorama, los organismos internacionales coinciden en que la prevención es la herramienta más efectiva para reducir el impacto de los incendios forestales. “Durante años se puso el foco en apagar incendios, pero es fundamental invertir mucho más en prevención”, sostuvo Duchelle.

La FAO impulsa estrategias integrales que incluyen la planificación del territorio, el monitoreo temprano, la educación ambiental y la recuperación de los ecosistemas afectados. El desafío es global y urgente: la capacidad de adaptación y prevención será determinante para enfrentar un fenómeno que ya dejó de ser excepcional.

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