La crisis del agua dejó de ser una amenaza futura y se convirtió en una emergencia global. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) alertó que el planeta ingresó en un estado de “bancarrota hídrica”, una situación crítica que ya afecta a la mitad de las ciudades más pobladas del mundo.
Un reciente informe elaborado por Watershed Investigations junto al diario The Guardian revela que 50 de las 100 principales urbes del planeta atraviesan niveles alarmantes de estrés hídrico, con extracciones de agua que están muy cerca —o incluso por encima— de la capacidad de reposición natural.
Ciudades al límite por la escasez de agua
Entre las metrópolis más comprometidas figuran Pekín, Delhi, Los Ángeles y Río de Janeiro, mientras que otras ciudades clave como Londres, Bangkok y Yakarta también muestran señales claras de deterioro en sus reservas hídricas.
El llamado estrés hídrico se produce cuando la demanda de agua —para consumo humano, industria y servicios— se acerca peligrosamente al límite que pueden soportar los recursos disponibles, poniendo en jaque el abastecimiento a mediano y largo plazo.
Mala gestión y cambio climático: una combinación explosiva
Especialistas coinciden en que la crisis no responde a una sola causa. La mala administración de los recursos hídricos, sumada al impacto del cambio climático, acelera el deterioro de ríos, acuíferos y sistemas de abastecimiento urbano.
La sobreexplotación, la falta de planificación a largo plazo y la ausencia de controles eficientes dificultan la recuperación natural del agua, generando un escenario cada vez más frágil para millones de personas.
Qué muestran los datos satelitales
La gravedad del problema fue confirmada por análisis satelitales de la NASA y el University College de Londres, que estudiaron la evolución de la humedad y la sequía en las últimas dos décadas.
Los datos indican que ciudades como Chennai, Teherán y Zhengzhou registran una disminución sostenida de sus recursos hídricos, mientras que otras como Tokio, Lagos y Kampala presentan un leve aumento de la humedad.
Si bien estas herramientas permiten identificar tendencias globales, los expertos advierten que los datos aún no alcanzan el nivel de precisión necesario para diagnósticos locales. No obstante, la información fue reunida en un nuevo atlas interactivo de seguridad hídrica, que permite consultar la situación de las 100 ciudades analizadas.

Más de mil millones de personas en zonas con sequía crónica
El impacto humano de la crisis es contundente. Según el informe, 1.100 millones de personas viven en grandes áreas metropolitanas sometidas a sequías crónicas, mientras que solo 96 millones residen en ciudades donde la disponibilidad de agua muestra una tendencia positiva.
Las regiones más afectadas se concentran en Asia, especialmente en el norte de India y Pakistán, mientras que la mayoría de las ciudades con mayor humedad se encuentran en el África subsahariana, con excepciones como Tokio y Santo Domingo.
El “día cero”, cada vez más cerca
El temor al llamado “día cero” —el momento en que una ciudad se queda sin agua potable— ya no es teórico. Teherán, tras seis años consecutivos de sequía, se encuentra al borde de ese escenario.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, advirtió que la capital podría incluso requerir evacuaciones si las condiciones actuales no se revierten. Otras ciudades como Ciudad del Cabo y Chennai también se aproximan a ese punto crítico, mientras que varias urbes de rápido crecimiento enfrentan un futuro incierto en términos de abastecimiento.
La advertencia de la ONU y el Banco Mundial
Hace algunas semanas, la ONU confirmó que el mundo atraviesa una “bancarrota hídrica”, definida como el deterioro progresivo e irreversible de los recursos de agua dulce.
El profesor Kaveh Madani, del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas, explicó que el cambio climático agrava el problema, pero no es la única causa:
“El cambio climático es como una recesión sumada a una mala gestión empresarial”, señaló.
En la misma línea, el Banco Mundial alertó que las reservas globales de agua dulce se redujeron drásticamente en los últimos 20 años. Según el organismo, el planeta pierde 324.000 millones de metros cúbicos de agua dulce por año, volumen suficiente para cubrir las necesidades anuales de 280 millones de personas, una cifra similar a la población de Indonesia.
Inglaterra, un anticipo de lo que viene
El caso del Reino Unido refleja los desafíos futuros. Para 2055, Inglaterra podría necesitar 5.000 millones de litros adicionales de agua por día solo para abastecimiento público, más de un tercio del volumen actual del sistema. A eso se sumarían 1.000 millones de litros diarios destinados a la agricultura y la generación de energía.
La Agencia de Medio Ambiente destacó el valor estratégico del agua subterránea, aunque especialistas advierten que sin controles y una mejor gestión, estos recursos también pueden agotarse.
En los últimos meses, varias zonas del sur de Inglaterra sufrieron cortes en el suministro, lo que llevó al gobierno británico a presentar un libro blanco sobre el agua, con reformas estructurales que incluyen mayor control de la infraestructura y un fortalecimiento del rol de los organismos reguladores.
